Alice Milliat y la inclusión de la mujer en los Juegos Olímpicos

Dentro de un ambiente de exclusión de la mujer en los primeros años de la instauración de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna, hay que destacar la importante lucha llevada a cabo por Alice Milliat.

Esta valerosa francesa, traductora de profesión y competidora en remo, no se resignaba al hecho de que la participación de la mujer en los Juegos fuese tan exigua y decidió dedicar buena parte de su vida al desarrollo del deporte femenino.
Alice Milliat realizó una importante carrera en política deportiva que le otorgó la experiencia necesaria para desarrollar su lucha. En 1915 se convirtió en presidenta de uno de los primeros y más prestigiosos clubes deportivos franceses para mujeres, el Fémina Sport. Tras ejercer la presidencia de este club, Milliat se convirtió en una pieza fundamental de la Federación Francesa de Sociedades Deportivas Femeninas que nacía en 1917. En esa misma fecha, Milliat fue elegida tesorera, ascendiendo al año siguiente al puesto de secretaria general para, en 1919, ser proclamada presidenta por unanimidad.

Precisamente en 1919, Alice Milliat trató de persuadir a Pierre de Coubertin para que incluyera pruebas de atletismo en los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920, algo que no se produciría hasta 1928 en Ámsterdam.
Ante la negativa de Coubertin, declaradamente contrario a la participación de la mujer en los Juegos, Milliat puso toda la experiencia adquirida en la administración deportiva y las enseñanzas recibidas en sus viajes por Europa y Estados Unidos para la organización de un encuentro internacional femenino en Montecarlo en marzo de 1921 al que asistieron atletas de varias nacionalidades y que resultó un notable éxito de público.

Fue este éxito el que llevó a Milliat a seguir adelante con su proyecto y, en octubre de ese mismo año, se fundó bajo su presidencia la Federación Internacional de Deportes Femeninos (FSFI) que, durante más de quince años de trayectoria, desarrolló un papel fundamental para la inclusión de la mujer en el olimpismo. Una de las grandes bazas de esta institución fue la organización de los Juegos Olímpicos Femeninos, cuya primera edición bajo su tutela tuvo lugar en París en 1922.

La gran labor realizada por la FSFI y la aceptación popular de sus Juegos, con cerca de 20.000 espectadores, incentivó el debate sobre el deporte femenino y la inclusión de más pruebas para mujeres en el calendario olímpico.

Alice Milliat y su Federación no consiguieron su propósito de incluir las pruebas femeninas de atletismo en 1924 aunque, al menos, la FSFI logró que la Federación Internacional de Atletismo les otorgara la potestad sobre las pruebas femeninas a cambio de dejar de utilizar el término “olímpico” en sus competiciones, que comenzaron a denominarse Juegos Mundiales Femeninos, cuya segunda edición tuvo lugar en Goteborg en 1926 ante el aumento de su popularidad.

Tras el nuevo éxito de Goteborg, el Comité Olímpico Internacional, órgano que ya había abandonado Coubertin, cedió finalmente y, tras la propuesta de Sigfrid Edström, aprobó la inclusión de pruebas atléticas femeninas en el calendario olímpico de los Juegos de Ámsterdam en 1928, además de una prueba por equipos en gimnasia artística. Concretamente, las atletas pudieron competir en 100 y 800 metros, en el relevo 4×100, en el lanzamiento de disco y en el salto de altura. Este logro, aunque importante, fue considerado insuficiente y entidades como la Asociación de Atletas Femeninas Británicas decidió no enviar a ninguna representante a la ciudad neerlandesa como protesta.

Lo que el COI había calificado como un experimento, trajo consigo la reapertura del debate sobre la participación femenina en los Juegos Olímpicos. Tras la carrera de 800 metros, donde se narró de manera exagerada cómo algunas mujeres llegaron exhaustas a la línea de meta, permitió a los más críticos utilizar esas imágenes como un argumento firme para defender la idea de la exclusión de las mujeres en el atletismo.

A pesar de la polémica generada, Alice Milliat consideraba que el número de pruebas femeninas incluidas en los Juegos Olímpicos seguía siendo insuficiente, por lo que en 1930 tuvo lugar una nueva edición de los Juegos Mundiales Femeninos en Praga.

Por su parte, el COI continuó con el debate sobre la aceptación de pruebas femeninas y, a pesar de la existencia de muchos críticos, en la sesión de Barcelona en 1931 se aceptaba la participación de mujeres en deportes como la gimnasia, la esgrima o el atletismo, eso sí, se eliminaba la polémica prueba de los 800 metros, que no volvería a formar parte del calendario olímpico hasta 1960.

La negativa del Comité Olímpico Internacional de crear un programa atlético completo para las mujeres en los Juegos Olímpicos llevó a la FSFI a un cambio radical de estrategia por el cual solicitó al COI, sin resultado, la exclusión de las pruebas femeninas en los Juegos con el fin de tomar el control para organizar sus propias competiciones y el reconocimiento de sus propios Juegos, cuya cuarta edición tuvo lugar en Londres en 1934 que, a la postre, sería la última.

La Federación Internacional de Atletismo defendía la idea de que las pruebas atléticas femeninas debían estar gestionadas por una única institución y que correspondía a la IAAF ser la encargada de representar ante el COI los intereses de atletismo en general y las pruebas femeninas en particular.

Tras varios años de negociación, después del congreso de la Federación Internacional de Atletismo en Berlín en 1936, se tomaba la decisión de que la IAAF asumiera el control del atletismo femenino, reconociendo los récords establecidos bajo la gestión de la FSFI, y reconvertía los que deberían haber sido los quintos Juegos Mundiales Femeninos en Viena en 1938 en el primer Campeonato de Europa de Atletismo con pruebas femeninas.

En octubre de 1936, una carta dirigida a Alice Milliat escrita por el presidente de la IAAF, Sigfrid Edström, que informaba de los acuerdos alcanzados en el Congreso de Berlín y le agradecía todo su trabajo, suponía el cierre simbólico de la Federación Internacional de Deportes Femeninos.

El trabajo de Alice Milliat y de la Federación Internacional de Deportes Femeninos para la aceptación de la mujer en los Juegos Olímpicos es innegable, aunque aún quedaría mucho camino por recorrer para acercarse a la igualdad durante todo el siglo XX.

Extracto de “El deporte femenino español en los Juegos Olímpicos

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