El debut de España en la Eurocopa

El 28 de junio de 1959, la selección española de fútbol hacía su debut en la Eurocopa, en un torneo con un formato muy diferente al actual.

La Eurocopa de fútbol tiene su origen en la idea del francés Henri Delaunay, que llegó a ser secretario general de la Federación Francesa de Fútbol y de la UEFA, de organizar una competición en Europa entre selecciones nacionales. Sin embargo, una iniciativa que había surgido en la década de los 20 no empezó a tomar cuerpo hasta 1957, cuando Delaunay ya había fallecido.
La propuesta de crear este torneo se retomaba tras el éxito de la Copa de Europa de clubes que se había puesto en marcha en septiembre de 1955 y la necesidad de buscar un incentivo para las selecciones nacionales, que únicamente podían competir en partidos amistosos al margen de los encuentros de clasificación para la Copa del Mundo o los de su fase final.
A finales de junio de 1957, el Congreso de la UEFA celebrado en Copenhague aprobaba la organización de un torneo denominado Copa de Europa de las Naciones con quince votos a favor, siete en contra y seis abstenciones. Entre las federaciones que aprobaron la propuesta estaban España, URSS o Francia, mientras que mostraron su disconformidad países futbolísticamente tan importantes como Alemania Occidental, Italia o los Países Bajos.
Así pues, la actual Eurocopa nacía sin el consenso de todas las federaciones y bajo serias dudas sobre la organización y el formato de competición.
En un principio se planteó un sistema de eliminatorias a partido único, aunque finalmente se optó por una vía híbrida entre la Copa de Ferias y la Copa Latina, de tal modo que las eliminatorias previas se disputarían a doble partido y se extenderían a lo largo de varios meses y las semifinales y la final tendrían lugar en una sede concreta elegida entre los cuatros semifinalistas.
Tras la renuncia de varios países que no estaban a favor del nuevo proyecto, la competición quedó establecida con 17 selecciones –hubo que disputar un encuentro previo entre Checoslovaquia e Irlanda para configurar el cuadro de octavos de final- que quedaron emparejadas en el sorteo celebrado en Estocolmo el 6 de junio de 1958.

La suerte otorgó a España la selección polaca como primer rival en una eliminatoria que se dilucidaría en más de tres meses.
El partido de ida se jugó en Polonia y, aunque en un principio se barajó la posibilidad de que se disputara en Varsovia, finalmente tuvo lugar en el Estadio Slaski de la localidad de Chorzow, muy cerca de Katowice el 28 de junio de 1959.
Solo unos días antes de la disputa del partido, la situación de la selección española resultaba un tanto convulsa tras la dimisión del seleccionador nacional Manolo Meana aduciendo problemas de compatibilidad al conocer que Helenio Herrera sería el encargado de dirigir al equipo en el campo. No obstante, el plantel de estrellas que presentaba España hacía que partiera entre las principales favoritas al título.

El once que presentó Helenio Herrera en el debut de España estuvo formado por Ramallets, Olivella, Garay, Gracia, Segarra, Gensana, Tejada, Marcos, Di Stéfano, Luis Suárez y Gento.
El inicio del partido se caracterizó por el dominio español en el juego, aunque fue Polonia quien se adelantó en el marcador en el minuto 34 por medio de Ernest Pohl.
A partir de ese momento, el equipo de Helenio Herrera reaccionó y, antes del descanso, daba la vuelta al resultado con goles de Luis Suárez y Di Stéfano en apenas dos minutos.
Tras el intermedio, los españoles continuaron con la inercia del final del primer tiempo y de nuevo Luis Suárez en el minuto 52 y Di Stéfano en el 56 daban una cómoda ventaja a España y dejaban la eliminatoria muy de cara a pesar de que Lucjan Brychczy puso el definitivo 4-2 cuando aún quedaba casi media hora para el final.

Habría que esperar casi cuatro meses para que Madrid acogiera el partido de vuelta el 14 de octubre de 1959.
Tras el resultado de la ida, España había aumentado su ya de por sí claro favoritismo, pese a lo cual, el equipo titular que presentó Helenio Herrera en el Estadio Santiago Bernabéu fue casi idéntico, con la única modificación de Ladislao Kubala en detrimento de Enrique Mateos.
Tal y como estaba previsto, la selección española cumplió con los pronósticos y se impuso a los polacos por 3-0 con goles de Di Stéfano, Gensana y Gento. A pesar de la contundencia en el marcador final, el partido estuvo bastante disputado y no fue hasta el segundo gol de España en el minuto 69 cuando el equipo ofreció su mejor versión.

Tras superar a Polonia, el último obstáculo de España para llegar a la fase final era la Unión Soviética con el mítico portero Lev Yasin como máxima figura.
Después de una reunión para tratar el desarrollo de la eliminatoria, se estimó que la mejor fecha para disputar los partidos fuera lo más cercana posible al verano para evitar el frío ruso y que las condiciones del campo fueran idóneas. Así pues, se estableció que la ida se jugara el 29 de mayo en Moscú y la vuelta el 9 de junio en Madrid.

El enfrentamiento había despertado mucho interés en España y los dirigentes del fútbol nacional confiaban en la victoria ante los soviéticos, de hecho, propusieron organizar la fase final en el caso de que la selección accediera a semifinales.
Sin embargo, las buenas perspectivas del fútbol español se vieron frustradas por una decisión política. El gobierno de Franco no estaba dispuesto a dejar entrar en el país a la delegación soviética, considerado el enemigo comunista, por lo que dejaba la disputa de la eliminatoria en el aire.
Esta no era la primera vez que la dictadura franquista se inmiscuía en asuntos deportivos, pues ya en 1956 prohibió que los deportistas españoles se desplazaran a Australia para disputar los Juegos Olímpicos de Melbourne.

Las autoridades de la Federación, con el presidente Alfonso de la Fuente Chaos a la cabeza, trataron de impedir la suspensión de la contienda y, por tanto, la eliminación de España elevando a la UEFA varias propuestas. Para evitar que el partido se disputase en suelo español, la Federación Española planteó disputar la eliminatoria a uno o dos partidos en campo neutral y que los ingresos fuesen a parar a la Federación Rusa.
Pero la Unión Soviética no estaba dispuesta a dar facilidades a España y exigió que se cumpliera estrictamente el reglamento, por lo que la selección española fue expulsada de la competición y los soviéticos accedieron a la fase final junto a Francia, Yugoslavia y Checoslovaquia.
Las injerencias políticas impidieron que una gran generación de futbolistas hubieran luchado en el campo por hacerse con el primer título continental y hubo que esperar a la siguiente edición con el célebre gol de Marcelino para que España se proclamara campeón de Europa.

La fase final que se celebró en Francia en el mes de julio proclamó como primera campeona a la URSS, que se impuso en la prórroga a Yugoslavia en la final con escaso éxito de público, ya que solo 18.000 espectadores acudieron al Parque de los Príncipes parisino.

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