El debut del deporte femenino español en los Juegos de Invierno

El 7 de febrero de 1936, España debutaba en unos Juegos Olímpicos de Invierno y lo hacía con dos mujeres entre los integrantes de la delgación.

La Alemania de Hitler acogió en febrero de 1936 la primera de sus dos citas olímpicas del año con la disputa de los IV Juegos Olímpicos de Invierno. A pesar de las críticas al nazismo, los alemanes presentaron unas magníficas instalaciones y organizaron de manera muy eficaz sus primeros Juegos.
Además, Garmisch-Partenkirchen realizó aportaciones muy importantes para el olimpismo moderno, pues allí se incluyó por primera vez pruebas de esquí alpino y se mantuvo el alumbrado de la llama olímpica durante el desarrollo de la competición.

A las puertas de la Guerra Civil, el deporte femenino español hacía su debut en los Juegos Olímpicos de Invierno. España estuvo cerca de tener representación femenina en la primera edición de los Juegos de Invierno en Chamonix en 1924, pero la lesión de Lilí Álvarez le privó de poder participar en la modalidad de patinaje artístico.
Hubo que esperar dieciséis años para ser testigos de la primera presencia española en la competición invernal, aunque la participación en los Juegos estuvo en duda hasta última hora debido a la dificultad de encontrar una ayuda económica que financiara el desplazamiento a Alemania de los deportistas.
Finalmente, apenas un mes antes de la fecha de inauguración, el Gobierno concedió la esperada subvención y el Comité Olímpico Español pudo conformar el equipo que acudiría a esos primeros Juegos de Invierno. No obstante, el escaso margen de maniobra y la premura de tiempo hicieron que los esquiadores españoles no tuvieran la preparación adecuada para competir en los Juegos. Además, la confección del equipo que se desplazaría a Alemania despertó una sonada polémica al no realizarse mediante pruebas de selección.

Superada la incertidumbre, el equipo que se desplazó a Garmisch-Partenkirchen estuvo formado por cuatro hombres y dos mujeres, que competirían en las pruebas de esquí. Como era de esperar debido al escaso desarrollo deportivo del país y a la deficiente preparación con que los deportistas españoles acudieron a los Juegos, los resultados de nuestros esquiadores fueron muy discretos.

Las representantes femeninas elegidas fueron Margot Moles y Ernestina Baenza, que participaron en la única prueba del esquí alpino incluida en el calendario de la competición, la combinada.
La actuación de las dos españolas en la estación alemana fue poco gratificante para ambas. A la falta de entrenamiento con la que habían acudido a la ciudad alemana y el poco tiempo que tuvieron para reconocer la pista donde disputarían sus pruebas, se unió el difícil trazado en el que se desarrolló la competición, lo que complicó aún más la labor de nuestras esquiadoras.

La combinada femenina se inició con la prueba del descenso el 7 de febrero, el día siguiente de la ceremonia inaugural. Margot Moles fue la última esquiadora en tomar la salida y completó el recorrido con muchísimos problemas en un tiempo superior a diez minutos, a más de cinco de la primera clasificada, como consecuencia de varias caídas, incluso en una de ellas acabó en un pequeño arroyo.
Pero, si mal le fueron las cosas a la esquiadora catalana, peor suerte corrió su compañera. Ernestina Baenza había tomado la salida minutos antes que Margot Moles, sin embargo, sería la última en atravesar la línea de llegada después de sufrir considerablemente durante todo la prueba con numerosas caídas en el recorrido que hicieron que prácticamente llegara a gatas a la meta, donde se desplomó exhausta tras casi 19 minutos desde que tomara la salida.

Las caídas sufridas por Ernestina Baenza en la prueba del descenso le provocaron una luxación de hombro que le impidió completar la combinada.
Quien sí pudo competir en el slalom fue Margot Moles, a pesar de que también acarreaba problemas físicos derivados de la primera prueba. Moles hizo una buena salida, pero de nuevo las caídas provocaron que perdiera mucho tiempo y sobrepasara el registro máximo permitido para poder disputar la segunda manga, con lo que fue eliminada y no pudo finalizar la competición.

La actuación de las dos españolas ponía en evidencia los problemas que envolvieron la participación de España en aquellos Juegos, la falta de preparación con la que se había presentado la delegación española y la situación del deporte en el país. Aún así, Margot Moles y Ernestina Baenza tienen el mérito de ser las pioneras en los Juegos Olímpicos de Invierno (24 años transcurrieron hasta que una española volvió a unos Juegos de Invierno) y haber mostrado un enorme espíritu competitivo a pesar de todas las dificultades acaecidas.

Texto extraído de la publicación El deporte femenino español en los Juegos Olímpicos

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