El nacimiento del Master de Madrid de tenis

En octubre de 2002, la capital de España recuperaba un lugar en el mapa del tenis mundial gracias al nacimiento del Masters de Madrid.

Y es que, durante más de un lustro, la ciudad madrileña estuvo privada de las grandes raquetas del circuito de la ATP desde que en 1994 se disputara la última edición del Open Villa de Madrid.
Este extinto torneo nació en el año 1972 gracias a la aportación de la cadena hotelera Meliá, que patrocinó y dio nombre al campeonato durante los tres primeros años, y tuvo lugar del 10 al 16 de abril en las pistas del Club de Tenis Chamartín, que más tarde volvería a ser la sede oficial entre los años 1991 y 1993 después de que fuera sustituido por el Club de Campo.
El torneo tuvo un recorrido de 23 años en el que se coronaron tenistas internacionales de la talla de Illie Nastase, que inauguró el palmarés; Ivan Lendl; Guillermo Vilas o John McEnroe y nacionales como Manuel Orantes, Emilio Sánchez Vicario o Sergi Bruguera.
Tras la disputa de la edición de 1994, que proclamó a Thomas Muster como vencedor, los rumores sobre la no continuidad del open madrileño no cesaron y a principios de 1995 se confirmaba que el Grupo Zeta, que había adquirido el torneo, decidía poner fin al Villa de Madrid debido a las pérdidas económicas generadas en los últimos años y a la falta de patrocinadores.

Desde entonces hubo un parón en el tenis masculino de máximo nivel en Madrid de ocho años -sí siguió despuntándose la edición femenina del Villa de Madrid- hasta que el empresario rumano Ion Tiriac, extenista y olímpico en los Juegos Olímpicos de Invierno de Innsbruck en 1964 en hockey sobre hielo, decidió trasladar el Masters Series de Stuttgart a la ciudad madrileña al ver la necesidad de organizar un gran torneo en un país tenísticamente muy potente como España, que tenía como campeonato más importante el Conde de Godó en Barcelona, un escalón por debajo de la categoría de los entonces llamados Masters Series, y movido por las deudas que generaba el torneo en su sede alemana y el descenso en la afluencia de espectadores.

En aquel cambio de sede, confluyeron dos factores fundamentales: el interés de Tiriac en trasladar el torneo y la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos de 2012.
Así pues, la Oficina Olímpica de Madrid 2012 alquiló al empresario rumano el Masters Series a razón de 300 millones de pesetas anuales durante los siguientes cinco años. Además, Madrid se comprometió a habilitar unas instalaciones a la altura del torneo y aprovechables para su proyecto olímpico, para lo que construyó el pabellón del Madrid Arena -inicialmente Palacio Arena Multiusos- con capacidad para 10.000 espectadores en el antiguo Rocódromo de la Casa de Campo.

Tras la finalización de la primera parte de las obras de remodelación en apenas medio año, el nuevo torneo madrileño vivió su primera edición del 14 al 20 de octubre de 2002 en la pista rápida del Madrid Arena y contó con la mayoría de los mejores tenistas del momento como André Agassi, Marat Safin, Roger Federer o Juan Carlos Ferrero, aunque se sintieron las bajas del número 1 del mundo, Lleyton Hewitt, y del mítico Pete Sampras.

La aceptación del torneo por parte del público madrileño fue espectacular y se superaron los 100.000 espectadores, lo que le convertían en el Masters con más afluencia de los disputados en Europa.
En lo deportivo, el campeonato fue desarrollándose con la baja prematura de alguno de los favoritos como Tommy Hass, primer cabeza de serie del torneo, Safin o Roddick en la segunda ronda y la desaparición de tenistas españoles en cuartos de final tras la derrota de Ferrero ante Agassi.

Tras una semana de tenis, la final del domingo debía enfrentar a Agassi con Jiri Novak. Sin embargo, el checo se produjo una rotura fibrilar en el gemelo de su pierna derecha durante el entrenamiento previo al partido que le impediría disputar la final y dejaba al torneo sin el colofón deseado en su estreno.
La cancelación del partido provocó la desilusión y enfado del público, aunque la rápida reacción de la organización, con Manolo Santana a la cabeza como director del torneo, logró contentar en parte a los espectadores. En primer lugar, se programó un partido de exhibición a nueve juegos entre “Pato” Clavet y Carlos Moyá y, como medida de compensación, se decidió que todas las entradas para la final fueran válidas para cualquier partido de la siguiente edición.

Tras el primer año, a pesar de las dudas iniciales de la perdurabilidad del torneo más allá de los cinco años iniciales firmados con Tiriac, el Open de Madrid ha cambiado de patrocinadores, de nombre de sede y de superficie -pasando incluso por una polémica tierra batida de color azul- hasta convertirse en uno de los principales acontecimientos deportivos anuales disputados en España.

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