La gran actuación de Joaquín Blume en el Campeonato de Europa de Gimnasia

En 1957, el gimnasta español Joaquín Blume conquistaba cuatro medallas de oro y una de plata en el Campeonato de Europa de Gimnasia Artística para completar una de las gestas más importantes del deporte español en una época que no se caracterizaba por los grandes logros de sus deportistas.

París acogía en octubre de 1957 el segundo del Campeonato de Europa de Gimnasia, al que España acudía con Hermenegildo Martínez y Joaquín Blume, que vivía su segunda Copa de Europa tras haber estado presente en la primera edición disputada dos años antes en Frankfurt, donde acabó en décima posición en el concurso general.

Por aquella época, el Campeonato de Europa tenía carácter mundial, ya que únicamente Japón podía considerarse una potencia capaz de codearse con los gimnastas del viejo continente. Aunque no había un favorito claro en la competición, parecía que Yuri Titov era el principal candidato a la victoria en el concurso general pues, de los participantes en París, había sido el mejor clasificado en los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956 con su tercer puesto en el concurso individual y un total de tres medallas.

No obstante, el abanico parecía abierto y, por ejemplo, el periódico francés L’Equipe situaba a Joaquín Blume como uno de los máximos aspirantes a la victoria final. El gimnasta español no pudo acudir a los Juegos de Melbourne debido al boicot del régimen franquista a la cita australiana, pero ya había dado muestras de calidad en una gran competición internacional con las seis medallas de oro conquistadas en los Juegos del Mediterráneo disputados en Barcelona en 1955 de las siete que había en disputa.

La competición celebrada en el Estadio Coubertin pronto se convirtió en un duelo entre Joaquín Blume y Yuri Titov para la victoria final en el concurso general. En las dos primeras rotaciones, suelo y anillas, el español y el soviético obtenían la misma puntuación con 9,45 y 9,75 puntos respectivamente. La igualdad se mantuvo en los dos siguientes ejercicios después de que Blume consiguiera aventajar en 15 centésimas en el caballo con arcos y Titov pudiera enjugar la diferencia en salto.
Así las cosas, Blume y Titov llegaban a las dos últimas pruebas, paralelas y barra fija, empatados a puntos en la clasificación. Joaquín Blume adquirió una importante renta de 45 centésimas en las paralelas, lo que le dejaba muy cerca de una medalla de oro que certificaría en la barra fija con una décima más de ventaja sobre Titov que le daba el título con una diferencia de 55 centésimas para un total de 57,40 puntos.

Joaquín Blume hacía historia para el deporte español con su título de Campeón de Europa en el concurso general, pero aún tuvo tiempo para agrandar su gesta con otras tres medallas de oro más y una de plata.
En la sesión nocturna se disputaron las finales de aparatos partiendo de las notas conseguidas en el concurso general. Joaquín Blume confirmaría su dominio en aquel campeonato con la consecución del título en anillas, en caballo con arcos y en paralelas y el segundo puesto en barra fija, a solo una décima del suizo Gunthard. El gimnasta catalán cerraba una actuación extraordinaria con cuatro medallas de oro y una de plata y siendo el único gimnasta de los 42 participantes que consiguió colarse entre los seis primeros de cada aparato, lo que le daba el pase a las distintas finales. A pesar de que el reglamento le permitía seleccionar tres finales de las seis para las que se clasificó para dosificar esfuerzos, Blume quiso competir en todas ellas, demostrando así su gran potencial físico.

La gran actuación de Joaquín Blume desató multitud de halagos tanto en la prensa nacional, que calificaba su gesta como la mayor del deporte patrio, como en la internacional, que destacaba el hecho de que el español hubiera podido vencer a los gimnastas rusos en una gran competición, y se especulaba con el resultado que hubiera logrado Blume de haber acudido a los Juegos de Melbourne y le marcaban como el gran favorito en Roma 1960.

Los reconocimientos a su vuelta a España no se hicieron esperar, aunque el gimnasta barcelonés tardó una semana en volver por la disputa de un encuentro gimnasta en Nantes.
A su llegada a la Estación de Francia en Barcelona fue recibido por importantes miembros del deporte español y catalán, encabezada por el representante de la Delegación Nacional de Deportes en Cataluña, Juan Antonio Samaranch, y numerosos aficionados que recibieron al flamante campeón de Europa con pancartas y vítores.

Pero los reconocimientos no pararon ante la gran gesta de Blume, que, acompañado por el Delegado Nacional de Deportes, José Antonio Elola, y el presidente de la Federación Española de Gimnasia, Carlos Gutiérrez, sería recibido por Francisco Franco.

Antes de esta recepción oficial, Blume tuvo la oportunidad de realizar en el Camp Nou el saque de honor en el partido de la Liga de fútbol entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao y se organizó en el Palacio Municipal de Deportes de la ciudad condal una exhibición gimnástica como homenaje al campeón, tal y como sucedió días después en el Frontón Fiesta Alegre de Madrid.

Desgraciadamente, la de París fue la última oportunidad de ver a Joaquín Blume en una gran competición internacional, puesto que, de nuevo un boicot, le impediría participar en el Campeonato del Mundo en Moscú y, un año después, un 29 de abril de 1959, un accidente de avión en la Serranía de Cuenca cuando se desplazaba con otros miembros del equipo español de gimnasia segaba la vida del que era considerado mejor deportista español de la época.

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