La tragedia de Joaquín Blume

La de Joaquín Blume es la historia de otro gran deportista que perdió la vida en una catástrofe aérea con tan solo 25 años.

El gimnasta español fallecía el 29 de abril de 1959 cuando el avión que le trasladaba de Barcelona a Madrid se estrellaba contra el pico Telégrafo en la Serranía de Cuenca.
Los 25 pasajeros del avión fallecían en este accidente. Además de Blume, su esposa María Josefa Bonet y algunos miembros del equipo español de gimnasia como Pablo Müller, José Aguilar, Raúl Pajares u Olga Soler se encontraron con este trágico final cuando se dirigían a Madrid para tomar otro avión que les llevara a Canarias donde debían tomar parte en una competición gimnástica.

Joaquín Blume estaba considerado como el mejor deportista español de todos los tiempos. Sus actuaciones en su corta, pero exitosa carrera, le habían llevado a tal consideración. Con tan solo quince años, el gimnasta catalán ya era campeón de España, y lo sería de todas las especialidades a lo largo de su vida deportiva, aunque su nombre comenzó a sonar con fuerza en los Juegos del Mediterráneo de 1955 disputados en Barcelona, donde se hizo con seis de las siete medallas de oro que había en juego.

Blume ya había tenido la posibilidad de competir en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952, aunque esa cita le llegaba aún demasiado pronto y no pudo brillar como lo hizo a lo largo de su carrera. Quizás en 1956 sí pudiera haber realizado un buen papel tras los precedentes de los Juegos del Mediterráneo, pero la decisión de Franco de boicotear los Juegos de Melbourne impidió a Joaquín Blume participar en los que serían sus segundos Juegos.
El boicot español a los Juegos de 1956 hizo que Blume se replanteara competir bajo bandera alemana, su padre era alemán, pero Juan Antonio Samaranch le convencería de que no lo hiciera.

El gran salto de calidad de Joaquín Blume se produjo en el Campeonato de Europa de 1957, que tenía el nivel de Campeonato del Mundo debido al poderío de los gimnastas de la Europa del Este, donde Blume conquistó el título individual, superando a Yuri Titov, y se colgó el oro en tres de los seis aparatos.

El futuro de Joaquín Blume parecía llevarle a una gran actuación en los Juegos Olímpicos de Roma de 1960, pero el trágico accidente de Cuenca segó todas sus esperanzas y las de un deporte español que adolecía de grandes figuras como la de Blume.

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