Jul 31 2017

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El primer oro olímpico del deporte femenino español

El 17 de octubre de 1986, cuando el presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, anunciaba oficialmente en Lausana que Barcelona organizaría los Juegos de la XXV Olimpiada, es ya una de las fechas más importantes para el deporte español. Tras tres intentos fallidos, la ciudad condal lograba por fin convertirse en la primera localidad española que albergaría unos Juegos. La concesión de los Juegos a Barcelona transformó radicalmente el deporte español. En 1990, el gobierno socialista, contrario a la anterior Ley de Cultura Física y Deporte, sacaba adelante la Ley del Deporte, vigente en la actualidad, en la que se daba una mayor importancia a la alta competición y se otorgaba un activo papel al Estado en el fomento y desarrollo del deporte. Pero la mayor revolución llegó dos años antes con la puesta en marcha de la famosa Asociación de Deportes Olímpicos, que es considerada la clave de los éxitos del deporte español desde su aprobación. El Plan ADO subvencionaba, y lo sigue haciendo, a los deportistas para su preparación de cara a los Juegos Olímpicos y también ofrecía partidas para entrenadores, material o desplazamientos gracias a los ingresos obtenidos por el patrocinio de grandes empresas. El periódico francés Le Monde resumía perfectamente el objetivo del Plan ADO: “encontrar en el país los mejores atletas, rodearlos de los mejores especialistas y facilitarles el mejor material”. Con todos estos ingredientes, la delegación española contó con el mayor equipo de deportistas en una competición olímpica, gracias a su calidad de anfitrión, y más de 400 atletas tuvieron el privilegio de disputar unos Juegos en su país. La participación femenina sufrió un cambio radical y cuadruplicó en Barcelona, con 127, el número de deportistas que compitieron en Seúl. La organización de los Juegos y la incorporación de nuevas especialidades al panorama olímpico permitieron al deporte femenino español debutar en muchas modalidades que nunca antes habían contado con presencia española, ya que hasta diez disciplinas olímpicas tuvieron deportistas españolas por primera vez, el mismo número que todas en las que habían participado antes de los Juegos de Barcelona. El baloncesto, el balonmano, el ciclismo, el hockey hierba, el voleibol y el piragüismo en aguas tranquilas y aguas bravas recibieron a las primeras españolas, mientras que el judo, el tenis de mesa y el bádminton, deportes que se estrenaban en Barcelona, también contaron con presencia española. Al margen de la participación, el gran avance del deporte femenino español se plasmó en los resultados. Las mujeres ya habían comenzado a alcanzar importantes cimas con la consecución de algunos títulos mundiales y europeos y otros de gran relevancia como el Roland Garros de Arantxa Sánchez Vicario, pero la actuación en Barcelona supuso la explosión definitiva para el despegue del deporte femenino en España. Las deportistas españolas inauguraban su medallero particular en los Juegos Olímpicos de Verano con ocho medallas; cuatro oros, tres platas y un bronce y doce diplomas olímpicos, cuatro más que todos los que había obtenido en los Juegos anteriores. En dos semanas llenas de magia e ilusión, la primera alegría llegaba del tatami de la mano de Miriam Blasco. La judoca vallisoletana acudía a Barcelona como gran favorita al oro tras sus victorias en los Campeonatos del Mundo y de Europa durante el ciclo olímpico. Sin embargo, la desgraciada muerte de su entrenador Sergio Cardell en un accidente de moto solo un mes antes de la competición olímpica trastocó la preparación de Blasco y la dejó muy afectada anímicamente, algo que incluso le hizo plantearse la posibilidad de no competir. Finalmente, el entorno familiar de la judoca y su nuevo preparador convencieron a Miriam para que participara en los Juegos. Y la decisión no pudo tener mejor final. El 31 de julio, Miriam Blasco se convertía en la primera mujer española en conquistar una medalla de oro en unos Juegos. Su trayectoria hasta la final, sin embargo, no sería sencilla, pues por el camino dejaría a las dos medallistas de bronce de su categoría, aunque su superioridad fue tal que venció dos de sus tres primeros combates por ippon. Su momento más difícil lo viviría en cuartos de final, donde los jueces tuvieron que dirimir su pase a semifinales tras finalizar el duelo en empate. En la final también la esperaba una dura rival, la británica Nicola Fairbrother, vigente campeona de Europa, pero la judoca española supo dar lo mejor de sí misma para hacerse con la victoria ante las abarrotadas gradas del Palau Blaugrana que apoyaron en todo momento la participación de la pucelana en su histórica actuación.

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